No hace tanto que tiraba piedras
al autobús urbano. Todo se detenía a su paso por unos segundos. Cogíamos
piedras e íbamos al final de la calle, allí descargábamos. Después volvíamos a
nuestra labor con total naturalidad. Ahora pierdo el culo por subirme a uno, a
veces arranca y se para a dos metros de
la parada delante del semáforo en rojo. Llamo, no me abre la puerta. Las cosas
cambian. Y ni siquiera hace tanto.
Recuerdo cada esquina, cada calle
y sus historias. Aquella plaza oscura, tranquila. La sonrisa que se me escapaba
al pasar, ahora es una mueca que mantiene mi cara rígida sin conseguirlo. No
hace tanto de eso y, sin embargo cuatro vidas parece que han pasado. Cuatro
jodidas vidas que he pasado recordando aquello. Suficiente, ¿no?
Si el olvido es la solución mal
camino. Mal camino si debo encontrar una solución cuando ya no tiene sentido. Voy
a coger dos piedras, como antes. Una al bolsillo, por si hace falta. La otra la
tiraré lo más lejos que pueda. Nunca he visto dos iguales, nunca han vuelto. Hoy
el autobús se retrasa. Aprieto fuerte la piedra del bolsillo, debo seguir
esperando. Y de verdad que ni siquiera hace tanto.