martes, 12 de noviembre de 2013

Historietas de verdad (I)

Caminaba rápido. No tenía destino. Se agobió por el ritmo de sus piernas y el ruido de sus zapatos. Empezaba a llover más fuerte. Se encendió un cigarro, se cubrió bajo su sombrero y la cornisa de una frutería. Se recordó oyendo a Mighty Sam McClain, el dolor en la oscuridad decía. Una mueca de medio lado movió su cara, a él le pareció una sonrisa. Nunca sabría porqué ni adónde huía, lo cierto es que huía con pavor de aquella situación. Le sorprendió que le afectase tanto. Quizá tanto tiempo siendo impasible, quizá sintiendo demasiado… Cuando terminó su pitillo, que acabó en escasas cinco caladas, levantó la cabeza y miró a ambos lados de la calle. Nadie. Hasta entonces hubiera apostado el único cigarrillo que le quedaba por verla. Nada como un buen vistazo atrás para verlo todo claro. Al llegar a la esquina ordenó sus pensamientos. Sólo tenía claro que nunca volvería.


Sacó el chupa-chups que acababa de robarle a la china de los comestibles, y se dijo para sí mismo: “Hoy ha sido un jodido buen día”.

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