Caminaba rápido. No tenía destino. Se agobió por el ritmo de
sus piernas y el ruido de sus zapatos. Empezaba a llover más fuerte. Se encendió
un cigarro, se cubrió bajo su sombrero y la cornisa de una frutería. Se recordó
oyendo a Mighty Sam McClain, el dolor en la oscuridad decía. Una mueca de medio
lado movió su cara, a él le pareció una sonrisa. Nunca sabría porqué ni adónde
huía, lo cierto es que huía con pavor de aquella situación. Le sorprendió que
le afectase tanto. Quizá tanto tiempo siendo impasible, quizá sintiendo
demasiado… Cuando terminó su pitillo, que acabó en escasas cinco caladas,
levantó la cabeza y miró a ambos lados de la calle. Nadie. Hasta entonces
hubiera apostado el único cigarrillo que le quedaba por verla. Nada como un
buen vistazo atrás para verlo todo claro. Al llegar a la esquina ordenó sus
pensamientos. Sólo tenía claro que nunca volvería.
Sacó el chupa-chups que acababa de robarle a la china de los
comestibles, y se dijo para sí mismo: “Hoy ha sido un jodido buen día”.
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